Cómo escribir y publicar trabajos científicos (T6)

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Dar respuesta a la pregunta planteada, esto es, cómo escribir y publicar trabajos científicos, requiere de una especial dedicación por parte de quienes se afanan en la actividad científica. En concreto, supone tras el término de la actividad investigadora —o de una fase relevante al menos— la nuclear socialización del nuevo conocimiento generado para su mayor aprovechamiento, discusión y debate. El reto, hoy por hoy, es que esta tarea pueda llegar a ser realmente eficiente, enfrentándose a los retos que implica la comunicación globalizada: mayor audiencia y más heterogénea, interés general frente a intereses particulares…

En primer lugar, compartiremos que resulta crucial disponer de un código o lenguaje común con el objetivo facilitar la comunicación entre la comunidad científica de cualquier rincón del planeta. A propósito, el documento científico constituye el soporte básico, sobre el que, dado su gran nivel de aceptación, cabe poco debate acerca de su estructura y solo queda ceñirse a la misma. Algo más discutible desde mi punto de vista resulta el uso del idioma. Hoy en día, el inglés es identificado como concomitante al lenguaje científico —desde luego también extramuros, en la sociedad en su conjunto— pero no debe interpretarse, en mi opinión, como algo irrevocable y desvinculado de la realidad socioeconómico y el anglocentrismo imperante.

Por otro lado, se ha abierto un debate muy interesante que plantea una dicotomía entre la propiedad de las fuentes de datos y el acceso a los mismos abiertamente (open data). En mi opinión, suponte también un importante reto a tener en cuenta en la fase de socialización-distribución de la actividad científica —o quizás sea mejor dicho en el acceso a las «materias primas» para producir ciencia— y que toma especial protagonismo en la sociedad conectada actual.

 ¿Hacia un nuevo escenario para el inglés como idioma común en la producción científica?

De igual modo que en el mundo científico, el idioma anglosajón ocupa un lugar destacado en Internet, pero esta posición es cada vez menos hegemónica, principalmente por el impresionante auge del número de personas conectadas a la red en países emergentes. Como dato objetivo, según Internet World Stats, en los últimos 15 años el uso del chino en internet ha crecido cuatro veces más que el del inglés —cronológicamente son los países que primero se incorporaron—, y dado su potencial demográfico, es previsible que se equipare e incluso lo supere en un plazo de tiempo breve (actualmente un 26,0 % de los usuarios utilizan el inglés y 21,5 % el chino). El español sería la tercera lengua, ha crecido 2,4 veces más que el inglés en el mismo periodo de 15 años, lo que se explica debido al aumento de internautas de países latinoamericanos en expansión. Como dato llamativo, es espectacular el crecimiento del árabe, un 600 % aproximadamente con cerca de 160 millones de personas conectadas en la actualidad.

No creo que deba resultar muy desafinado traer a colación estos datos. Cuando hablamos de difusión (científica) hablamos de comunicación, e internet ocupa un lugar predominante en nuestros días para tal fin. De igual modo, estos datos nos indican de soslayo que cada vez un mayor número de países y regiones viven un importante auge socioeconómico y, por consiguiente, ello va a implicar también un importante impulso de la Investigación y el Desarrollo en los mismos —apertura de más Universidades y Centros de Investigación…— aumentando la cantidad de conocimiento generado. Este hecho, no tiene que implicar directamente la sustitución del inglés como el «idioma de la ciencia», pero sí cabría esperar que al menos surja mayor debate en torno a ello en un futuro próximo, en la medida en que cada vez más científicos/as de estos países podrían ser más proclives a publicar en su propia lengua, tenor de la repercusión que puedan tener sus publicaciones en una un comunidad mayor, además, simbólica y físicamente más próxima.

El contrapunto quizás lo podríamos encontrar en aquellas experiencias en las que universidades internacionales se alían entre sí para el logro de la excelencia académica. A modo de ejemplo, y por cercanía, en ciernes está el proyecto transfronterizo EBRoS Western Pyrenees, que pretende unir sinergias entre universidades del sur de Francia y norte de España. Este tipo de proyectos, grosso modo, aúnan una fuerte vocación internacional e implicarían un creciente interés por abrir vías de investigación conjunta entre equipos trasnacionales —no quiere decir que sea un proyecto pionero y que a lo largo de la historia de la investigación científica no se hayan realizado colaboraciones entre universidades y demás—. Cabe resaltar que estas iniciativas, también esperan incrementar su producción de conocimiento e impacto en lo local.

Hacer operativos estos proyectos en algunas regiones muy plurales lingüísticamente para competir con las grandes potencias, como es el caso de Europa en su pugna por encontrar un papel relevante en la producción de conocimiento en el mundo, implica potenciar el uso de estas estrategias y la necesidad de un profundo conocimiento de una segunda lengua entre su cuerpo de científicos/as. A este respecto, solamente rescatar las palabras del escritor y pensador libanés y francés A. Maalouf cuando señalaba la paradoja de que en un mundo mundializado, incluso comunidades muy próximas entre sí geográficamente, en historia y raíz lingüística, acaben comunicándose en un idioma muy lejano en todos estos aspectos (como puede suceder en el caso antedicho cuando una científica española se comunique en inglés con otra francesa). Una paradoja de tantas otras no obstante.

En cualquier caso, todos estos debates pueden quedar obsoletos en un futuro muy próximo, puesto que cada vez son más notables los avances en las técnicas automatizadas de traducción, y es futurible que terminen rompiéndose así las barreras idiomáticas y multiplicándose las posibilidades de difusión del conocimiento científico.

Acceso a resultados, ¿y acceso a datos libres?

Hablando de paradojas, en un momento en el que se recopilan más datos que nunca (más centros de investigación, más medios técnicos…), y existen más posibilidades para trasferirlos de manera inmediata (a través de internet), se da el hecho de que muchos de ellos quedan restringidos al uso particular —patentes, derechos de autor, etc.—, lo que limita su explotación por parte de la comunidad científica. Algunos sectores muy potentes económicamente, como el químico o farmacéutico por ejemplo, cuidan muy mucho sus ventajas de información-conocimiento para poder generar beneficios económicos. Este hecho genera muchas contradicciones éticas y mina la trasparencia de las investigaciones que se realizan en laboratorios privados. Cuando no es por interés económico, quienes los explotaron y no llegaron a ver potencial en ellos, consideran que el resto de la comunidad científica tampoco lo tendrá y no los comparten. Hay un movimiento al respecto muy interesante que trata de cambiar esta óptica, se trata de The Open Science Project, cuya mejor descripción se puede ver en este vídeo:

En el video se plantea una situación muy apropiada con el tema que nos ocupa. La comunidad científica parece estar muy poco interesada en elaborar cualquier producto que no sea el habitual —el artículo científico— como wikis especializadas de conocimiento, bases de datos científicas y demás. Algunas explicaciones posibles son tanto el hábito y tradición el uso del artículo, como por el escaso reconocimiento que se obtiene ofreciendo a la comunidad los datos anónimamente. Sin embargo, estas formas de publicación de datos sería especialmente provechosa y permitiría avanzar muy rápido en la solución de problemas científicos —el ejemplo resolviendo un problema matemático del vídeo es prueba de ello—.

Este movimiento es similar a otros como Open Software u Open Data. Este último trata de hacer lo propio con la liberación de la gran cantidad de datos que recopila la administración pública y que en la investigación en ciencias sociales resulta muy importante. Bajo los principios de gobernanza y trasparencia se ponen a disposición los datos para su reutilización. Un ejemplo estatal sería el catálogo de datos  donde se pueden acceder a fuentes sobre el sistema público de salud, educación, etcétera. También son muy habituales los observatorios donde se publican tanto datos en bruto como análisis de los mismos sobre distintos aspectos de la realidad social, como el Barómetro Social de España que mantiene un colectivo de sociólogos/as.

Aunque el artículo científico seguirá siendo seguramente el medio a través del que se trasfiera el conocimiento generado, cada vez más necesitaremos de nuevos medios para poder realizar de manera eficiente investigaciones entre equipos, dando lugar paralelamente a una constante supervisión y trasparencia durante el proceso y la aportación de muchos más científicos/as.

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