Fraude y patologías (T11)

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Sin ánimo de establecer una relación de causalidad, en el trasfondo de estas prácticas fraudulentas que acechan a la actividad científica, podríamos encontrar la competencia desmedida entre carreras individuales, grupos de investigación y universidades. El logro prestigio académico -y la supervivencia de la carrera investigadora-  podría funcionar a la manera de émbolo de presión para llevar a realizar dichas prácticas. Si así fuera, nótese lo paradójico del asunto al poner en riesgo toda la credibilidad de la producción científica anterior.

Volvemos al asunto de cómo se ha institucionalizado y estructurado la actividad investigadora en torno a procesos de evaluación burocráticos y competitivos. Quien investiga tienen la constante necesidad de demostrar que es un referente en la materia y que constantemente está logrando resultados demostrables, esto en Ciencia Sociales, donde el proceso de adquisición y consolidación de conocimientos es más dilatado, es una tarea difícilmente demostrable y, a mi juicio, muy alejada de la institucionalización antedicha. Esta constante presión para competir por los recursos financieros, las plazas y demás, perjudica a la ciencia al provocar efectos contrarios a los deseados, como  ya hemos visto a lo largo del curso: colaborar en la producción de conocimiento de forma solidaria.

En otro orden, no toda la explicación hay que buscarla en esta realidad, también las ambiciones individuales juegan un papel importante. En este sentido, no cabe más que secundar la idea de que los científicos y las científicas también son seres humanos inmersos en dinámicas de lucha de poder y prestigio.

En mi opinión, la superación de la carrera científica como camino competitivo sería la clave para disminuir este tipo de prácticas, la cuestión es cómo lograrlo.

 

 

 

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